Por: Jesus Bernal
¡Stan the Man!, ¡qué partido nos regalaste! Mientras la mayoría de las personas dormían ayer en México y Latinoamérica, los amantes del tenis disfrutamos de un encuentro épico entre el suizo Stan Wawrinka y el francés Arthur Géa.
5 sets, super tie-break y 4 horas 33 minutos fueron necesarios para tener un vencedor: Stan Wawrinka, que con este triunfo avanza a la 3ra ronda del que será su último Abierto de Australia.
Pero el verdadero ganador ayer fue el tenis y los aficionados presentes en el estadio, y los miles más alrededor del mundo que lo pudimos ver por televisión.
El de ayer fue esa clase de juegos que te hacen enamorarte del tenis y del deporte en general, no solo por la calidad e intensidad con que fue disputado, la pasión y entrega de los aficionados, pero sobre todo el contexto que rodeó al partido, ya que, como se mencionó anteriormente, Stan anunció que será el último Abierto de Australia que juegue, por lo que en cada punto se sentía una tensión especial y, en algunos casos, tristeza de pensar que fuera el último golpe de raqueta que veremos del suizo. Afortunadamente, para los que admiramos la carrera de Wawrinka, podremos verlo al menos un juego más en Australia.
Y es que hablar de Stan the Man es hablar de una leyenda viviente. Para muchos tiene los logros y calidad necesarios para ser un miembro más del “big 4” (Nadal, Federer, Djokovic, Murray), aunque él siempre ha rechazado estar a la altura de ellos. Independientemente de si sea un “big 4” o un “big 5”, Wawrinka ya tiene asegurado su lugar en la historia del tenis: 3 títulos de Grand Slam, oro en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y uno de los mejores reveses de la historia (el mejor revés a una mano de los últimos 20 años).
Lo de ayer solo confirma su grandeza. A los 40 años se entregó en cada punto y no se guardó nada. Se podía esperar y temer que en un partido tan largo y desgastante su edad le cobrara factura con alguna lesión; irónicamente, su rival, 19 años más joven, fue el que terminó con problemas físicos en ambas rodillas. Stan nos recuerda una vez más que a veces la edad solo es un número, la mente siempre es más poderosa que el cuerpo y la mentalidad de Stan es de granito.
Sin importar hasta dónde llegue en el torneo, solo podemos decir: ¡Gracias, Stan!

