Por: Lupita Valencia
Milano-Cortina llegó a su fin después de poco más de dos semanas de competencias intensas y momentos profundamente emocionantes. Los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 nos regalaron historias que trascendieron los resultados: hazañas inesperadas, sueños cumplidos, lágrimas de alegría y también de aprendizaje. A continuación algunos de los que fueron los highlights de estos juegos:
Fuego olímpico para todos.
Si algo ha quedado claro a lo largo de los años es que el espíritu olímpico no pertenece solo a los atletas, sino también a la gente. Al igual que ocurrió en los Juegos Olímpicos de París 2024, la organización decidió acercar el símbolo más poderoso del olimpismo al público: el fuego.
Y en esta ocasión no hubo un solo pebetero, sino dos llamas olímpicas colocadas en espacios públicos, permitiendo que locales y visitantes pudieran contemplar de cerca este símbolo que representa historia, unión y hermandad. El fuego olímpico dejó de ser una imagen distante en un estadio y se convirtió en una experiencia compartida. Una postal que resume el mensaje de estos Juegos: los juegos olimpicos son de todos.
Seis oros para Johannes Klæbo.
Ganar una medalla de oro olímpica es el sueño de cualquier atleta. Ganar seis en una misma edición parece casi imposible. Pero en Milano-Cortina 2026, Johannes Høsflot Klæbo convirtió lo extraordinario en realidad.
El noruego no solo dominó el esquí de fondo; hizo historia al convertirse en el primer atleta en conquistar seis preseas doradas en unos Juegos Olímpicos de Invierno.

La sorpresa de la edición: una final inolvidable en el patinaje artístico masculino.
Si hubo una noche que combino emoción, tensión sorpresa, fue la final masculina de patinaje artístico. Los reflectores apuntaban hacia Ilia Malinin y el japonés Yuma Kagiyama, favoritos tras un programa corto prácticamente impecable que hacía pensar que el oro sería una batalla entre ambos.
Pero los Juegos Olímpicos siempre reservan espacio para lo inesperado. En el programa libre, Mikhail Shaidorov salió al hielo representando a Kazajistán con una determinación especial. Patinó con pasión, precisión y carácter, consciente de que en unos Juegos debes de dejarlo todo en el hielo y de que cada movimiento puede cambiar una historia. Su actuación lo colocó momentáneamente en la cima, pero aún quedaba lo más difícil: esperar.
Cuando llegó el turno de los favoritos, la presión —esa compañera silenciosa la que se enfrentan los atletas— también se hizo presente. Algunos errores, y caídas, recordaron que incluso los más grandes son humanos. Y en esa delgada línea que separa la perfección del fallo, el resultado tomó un rumbo inesperado. El oro fue para Shaidorov. Una final histórica que dejó una lección sencilla pero poderosa: nunca sabes cuándo llegará tu momento. Por eso no te rindas, y sigue creyendo.

Los Mexicanos que nos hicieron soñar.
Regina no solo compitió: hizo historia. Se convirtió en la primera mujer mexicana en disputar el Cross Country femenil 10 km en unos Juegos Olímpicos de Invierno, llevando la bandera a una prueba donde México nunca había estado. Pero el momento más poderoso llegó al cruzar la meta: el abrazo sincero de sus compañeras de otros países, el reconocimiento de quienes saben lo que cuesta llegar hasta ahí. Fue la imagen perfecta del espíritu olímpico, donde las rivales y nacionalidades desaparecen y solo existe el reconocimiento mutuo.
Donovan volvió al escenario olímpico y con ello confirmó algo que muchos necesitaban escuchar: los sueños sí se cumplen, pero se trabajan todos los días. Llegar a unos Juegos ya es extraordinario; regresar por segunda vez es la prueba de una convicción inquebrantable. Cada salto, cada giro y cada sonrisa sobre el hielo representan años de esfuerzo, sacrificios y fe. Donovan no solo compite, inspira. Nos recuerda que no importa de dónde vengas, sino hasta dónde estás dispuesto a creer y luchar por tu lugar en el mundo.
Allan Corona, Sara Schleper y Lasse Gaxiola, nombres que también representan un enorme mérito. Allan compitió con determinación en el esquí alpino; Sara, con la experiencia de quien ha dedicado su vida a este deporte, y de llegar a sus 7mos juegos olímpicos, una hazaña enorme para cualquier deportista, y Lasse, siguiendo los pasos de su mamá, vivió sus propios Juegos demostrando que el amor por la montaña y la pasión por el deporte también se hereda.

La medalla que rompió fronteras.
Y si hubo un momento que trascendió fronteras fue el de Lucas Pinheiro Braathen. Con su medalla hizo historia al conseguir el primer oro olímpica de invierno para Brasil y también para toda Sudamérica. Más que un resultado, fue un mensaje poderoso: los sueños sobre nieve y hielo no pertenecen solo a los países tradicionales. Su logro abrió un nuevo capítulo para una región que pocas veces aparece en estos escenarios y demostró que el talento no entiende de geografía, solo de convicción y valentía. Esperemos que sea la primera de muchas medallas olímpicas de invierno para Sudamerica.

La maternidad como impulso, no como límite.
La historia de Francesca Lollobrigida fue una de las más poderosas de estos Juegos. La patinadora italiana no solo compitió al más alto nivel, también lo hizo llevando consigo una parte fundamental de su vida: su hijo, quien la acompañó en competencias y concentraciones. Su presencia en la pista fue mucho más que deportiva; fue un mensaje claro. Ser madre no es un límite, no es el final de tus sueños personales y profesionales, no es una renuncia obligatoria a dejar de lado lo que eres, Francesca demostró que se puede perseguir una medalla y, al mismo tiempo, ejercer la maternidad con orgullo. Que no tienes que elegir entre ser mamá y ser atleta. Puedes ser ambas cosas, y hacerlo con la misma fuerza.

El 22 de febrero la llama Olimpica se apagó y con ella se cerró oficialmente esta edición de los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026. La ceremonia de clausura marcó el final de días llenos de emoción, historias inesperadas y momentos que ya forman parte de la memoria deportiva de muchos países. Quedan las imágenes, los abrazos, las lágrimas y esas actuaciones que nos hicieron levantarnos del asiento.
Ahora la mirada empieza a dirigirse hacia Juegos Olímpicos de Invierno de 2030, la próxima parada en Francia. Pero el camino no se detiene aquí. Los sueños continúan en cada competencia, en cada temporada y en cada entrenamiento lejos de los reflectores. Es momento de seguir de cerca a nuestros atletas, acompañarlos en el proceso y recordar que el apoyo no es solo cada cuatro años: es constante, es presente y también es parte del viaje olímpico.

