Por: Jesus Bernal
El Atlante regresó a la Primera División del futbol mexicano. La ahora llamada Liga MX tendrá nuevamente al Equipo del Pueblo, tras 12 largos años de ausencia.
Y no podía hacerlo de otra forma que contra sus rivales acérrimos: el Necaxa y el América. Oficialmente, su primer partido en esta nueva aventura en la máxima categoría fue contra Necaxa el pasado 16 de julio, una edición más del clásico más antiguo del futbol mexicano. Lamentablemente, para los aficionados atlantistas el resultado no fue favorable, perdiendo 2 a 1.
Pero el partido esperado por miles de aficionados al Atlante, desde que se anunció en junio pasado, era el primer partido de local contra el odiado equipo del América.
Cita que se cumplió el pasado viernes en el tres veces mundialista Estadio Azteca, y los miles de aficionados atlantistas que necesitaban y suplicaban el regreso no decepcionaron, abarrotando casi completamente el estadio.
Y si los aficionados no decepcionaron, el equipo tampoco lo hizo, ya que fue un juego vibrante que nos permitió ver la esencia del Atlante, esencia que es la razón de por qué sus aficionados se han mantenido fieles por tantos años, a pesar de tantas vicisitudes, que han incluido múltiples descensos, cambios de dueño y mudanzas del equipo a diferentes ciudades del país.

Esa esencia es la del pueblo, de no rendirse nunca y luchar aun cuando no se cuente con los recursos necesarios. Al haberse cancelado el ascenso, el Atlante se vio obligado a comprar su lugar en Primera División, aun cuando tenía los méritos deportivos para regresar. Esta inversión ha limitado al equipo para reforzarse, obligándolo a conformar una plantilla con jugadores de nula o poca experiencia en Primera División, o que otros equipos han desechado pensando que no tenían el talento suficiente.
Sin embargo, esto es lo que hace del Atlante un equipo tan querido y casi de culto para sus leales seguidores. Las veces que ha salido campeón ha sido con jugadores de poca fama, a quienes en otros equipos no les dieron la oportunidad o que eran jóvenes y construyeron su carrera en el Atlante con base en esfuerzo, perseverancia y garra.
El partido debut de local contra el América nos confirmó lo que es el Atlante y lo necesario que era su regreso a la Primera División, no solo para sus fieles seguidores, también para sus rivales y para la liga misma. El América, recientemente tricampeón, con una plantilla que, según Transfermarkt, vale 100 millones de dólares, contra el Atlante, que apenas alcanza los 10 millones, vio cómo en la cancha esta diferencia fue borrada a base de esfuerzo, garra y disciplina táctica, lo que le permitió al Atlante sacar un empate a 1 que, para sus seguidores, tuvo un sabor a gloria. Y eso ha sido siempre el Atlante: un equipo humilde y con carencias que siempre le ha plantado cara al poderoso y millonario América, la lucha de opuestos. Si bien el clásico nacional es América vs. Guadalajara, no hay que olvidar que es un clásico que se creó artificialmente por los directivos de Televisa de esa época cuando compró al América para poder vender y posicionar a su nuevo equipo contra el que en ese momento era el campeón. En cambio, la rivalidad contra el Atlante creció de manera orgánica por oposición en las filosofías y orígenes de ambos clubes.
El partido del viernes pasado, con una entrada espectacular, inusual para una jornada 2 y más aún considerando que la afición está gastada por el reciente Mundial, demostró que al América le hacía falta su rival natural; a la liga, uno de sus equipos fundadores y de mayor tradición y arraigo; y, por supuesto, a toda la nación azulgrana le hacía falta tener a su equipo en la Primera División y en la Ciudad de México, a donde pertenece y de donde nunca debió salir.
Por eso, les guste o no les guste, les cuadre o no les cuadre, el Atlante está de regreso y cabalgará fuerte.

